viernes, 27 de enero de 2017


DERECHOS HUMANOS IX (EL MURO TRUMPIANO Y EL ABUSO DEL DERECHO)


Un amigo me decía que los gringos pueden hacer lo que quieran en su territorio, si ellos han dispuesto hacer un muro fenomenal que divida a nuestros países, pues está bien, están en su derecho. Es como si el vecino de usted construyera una barda dentro de su terreno pues en su propiedad él puede hacer lo que desee. Si, es correcto de primera mano, pero todo tiene sus asegunes.

Si el vecino construye su barda a usted poco le importará si esa barda fea o bonita no le afecta en nada, pero si da el caso de que la barda le impide la vista o le provoca o le puede provocar daños patrimoniales entonces usted seguramente protestará y tendrá derecho de hacerlo. Se trata en este caso de un uso abusivo del derecho. El uso abusivo del derecho es una institución jurídica que emana del derecho civil y tiene relación con las limitaciones a la propiedad privada. Si la barda del vecino a usted no le molesta en lo patrimonial pues entonces está bien aunque la barda sea fea, pero si esa construcción le impide la vista o le provoca o puede provocarle algún daño entonces usted puede demandar al constructor para que la derribe, claro usted tiene que probar que está sufriendo un daño o que está en riesgo de sufrirlo. El objetivo de la institución jurídica es evitar daños aunque estemos haciendo uso de un derecho. El derecho en este caso no faculta para su uso abusivo, si así fuera no habría manera de mantener el orden dentro de la sociedad.

Otro ejemplo, ya trasladándonos al derecho público lo vemos y sufrimos casi a diario. Las manifestaciones en este país se han caracterizado por ser ilegales, no en el sentido de la manifestación misma, pues este es un derecho humano establecido en la constitución, pero esta misma ley establece su limitación, que no es otro que el respeto a los demás. Pues bien, en las diferentes manifestaciones –que no en todas- sus protagonistas realizan pintas, agreden comercios, insultan a personas, impiden el ejercicio del derecho humano de tránsito a otras personas, etcétera. Hacen uso de su derecho pero a la vez abusan de el. Las personas pues, tenemos derechos y debemos hacerlos valer, pero no debemos, por otra parte, abusar de ellos si con el abuso se realizan actos de molestia a terceros.
Muy bien ¿y que tiene que ver esto con el muro Trumpiano? Pues si trasladamos la institución jurídica civilista al derecho público –recordemos que el derecho civil es la fuente de casi todas las ramas del derecho-, encontraremos que en esas reglas públicas opera el mismo principio. Trump con el aval de su Congreso puede ordenar la construcción de un muro impenetrable entre su país y México siempre que ese muro se ubique en su territorio.

Es obvio que una construcción de esa naturaleza causa agravios no solo a los norteamericanos quienes también deberían de protestar por esa locura, sino que el mayor agravio está en terceros, en este caso los mexicanos y todos aquellos extranjeros de cualquier nacionalidad que deseen ingresar a los Estados Unidos. Eso si solo hablamos del tránsito de personas porque en materia de prestación de servicios y de comercio en general la cosa es muy grave para las economías tanto de los norteamericanos como de los mexicanos y otros países que ocupan nuestra frontera como paso natural terrestre.

¿Dónde está el uso abusivo del derecho? En la construcción de una obra material que causará mayores perjuicios que beneficios, tanto a nacionales norteamericanos como a extranjeros ¿procede como procedería en el derecho civil una indemnización por semejante aberración? Es una pena decirlo pero el derecho internacional público es un conjunto de normas jurídicas imperfectas, es decir, que están desprovistas de sanción y, en caso de que las haya, su ejecución es tan complicada que las nulifica por su propia naturaleza, pese a que haya acuerdos, tratados, convenciones o pactos que las establezcan.

En conclusión, Trump y la horda de republicanos apoltronados en el Congreso pueden autorizar lo que deseen siempre que la autorización de esos actos materiales afecte exclusivamente a sus nacionales. En caso contrario, como ha quedado claro en estas líneas, habrán ejercido un derecho con abuso. No hay manera de que jurídicamente se nos pague indemnización por daño causado. Esto significaría una vez más en la historia universal que la fuerza puede más que el derecho. Si el muro se hace la historia  registrará el hecho como uno de los más bárbaros de la historia reciente, nunca un muro tuvo un despropósito tan despreciable como el que inspira a Trump, ni siquiera la construcción de la gran muralla China, la cual sirvió para la defensa de la soberanía ante los ataques guerreros de otras naciones.


lunes, 23 de enero de 2017

DERECHOS HUMANOS VIII (LA MARCHA DE LAS MUJERES)
La marcha de las mujeres resultó un éxito. Este éxito no solo debe acreditarse a las mujeres de norteamérica que tienen  sobradas razones para protestar por las políticas misóginas de su nuevo presidente. La marcha no cubrió únicamente el suelo americano sino que se trasladó a muchas ciudades del planeta, incluida la ciudad de México. La marcha representa una toma de conciencia de género y la defensa de los derechos que le corresponden. Esa es la manera en que hay que analizarla y es, a mi entender, la más importante. El saber que se tienen derechos, el saber que esos derechos no se respetan, el constatar día a día que en este mundo globalizado hay marcadas diferencias, forma lo que se denomina como conciencia.
Pudiera ser que el asunto de la toma de conciencia es banal. No lo es. Cuantas veces platicamos respecto a un determinado problema que nos afecta y dejamos la solución en otras manos o esperamos que se resuelva por sí mismo. En nuestro sistema político mexicano eso es muy común, estamos acostumbrados o mejor dicho, nos acostumbraron a que otro u otros resolverían nuestros problemas, así se conformó el liderazgo en este país, el líder resuelve todo desde el poder, el voto es un instrumento para hacer que nuestro líder nos resuelva el cúmulo de broncas que como ciudadanos tenemos. Por otro lado, desde la colonia nos acostumbraron también a través de la imposición religiosa a dejar los problemas en manos de Dios "Él resolverá lo que sea mejor para nosotros". Y así pasaron los siglos y mucha de nuestra gente sigue creyendo en el misticismo religioso como método para resolver la conflictiva social y la vida personal. Así en el entorno de la vida pública y la religiosa se nos ha condicionado a no pensar por nosotros y dejar que los otros tomen las decisiones que a nosotros nos corresponde. Así es imposible formar una ciudadanía consciente y responsable, así es precisamente como se manipula para que sigamos siendo súbditos de un sistema corrupto y manipulador y de una religión que nos impide crecer como entes dotados de razón.
La toma de conciencia, en este caso, de las mujeres que protestaron en todo el mundo, es una llamada de atención a las políticas populistas, centralistas y manipuladoras. Y lo es porque el mensaje es claro: tenemos conciencia de quienes somos y lo que merecemos, sabemos de nuestro papel social y queremos llevarlo a cabo tal y como las leyes que hemos creado nos lo ofrecen. La toma de conciencia no solo es una acto reflejo de protesta, si así fuera no sería acto consciente; es producto del conocimiento previo de la situación social de género en el marco de potestades jurídicas y políticas que establecen la igualdad y la libertad en un mundo que avanza sin parar a la justicia social pese a los impedimentos que desde el poder se tramen e implementen. Es una lucha que no tiene otro resultado mas que la victoria.
Ojalá que así se actúe en todas las situaciones, solo así los derechos humanos podrán ser algún día una realidad visible y posible. La igualdad de género como derecho humano no solo de las mujeres sino de todos no es una concesión graciosa del poder de una persona o de un sistema político, es a todas luces, el resultado de la lucha pertinaz de las personas, que en este caso no necesariamente a través de la llegada al poder de D. Trump sino de una serie de hechos y actos que devienen de cientos de años atrás. Recuerdo haber leído en alguna ocasión que en la Grecia antigua, hace más de dos mil años, Hiparquia (discípula de Crates) tocaba las puertas de los hogares para incitar a la igualdad de género. Como ven la lucha y toma de conciencia de género no es nueva, pero los resultados ahora son más tangibles que en el pretérito.
El siglo XXI con toda su sorprendente tecnología no será el siglo de la luz, sino primero, los humanos resolvemos los problemas y diferencias que como tales arrastramos desde hace miles de años; el de la igualdad en todas sus formas se constituye como el dolor de cabeza primordial que debemos resolver. La igualdad de género como subespecie de la igualdad general, estoy cierto que tendrá avances significativos si seguimos el ejemplo que nos imponen un cúmulo de mujeres valientes que a pesar del poder político de algunos saben protestar con la razón. La victoria esta cada vez más cerca.


miércoles, 18 de enero de 2017

DERECHOS HUMANOS (VII)

Vamos hacer un descanso respecto a la temática que se ha seguido en lo referente al tema de los derechos humanos. Y no es que nos separemos de el, la diferencia estriba en que por ahora no se hablará de la CNDH ni del sistema Ombudsman mexicano. Lo que hoy trataré aunque sea con brevedad tiene que ver con la llegada este proximo viernes de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, el tema no está desligado de los derechos humanos como se podrá inferir ya que este personaje se ha encargado de hacerle la vida pesada a todos los humanos que no piensan como él.
¿Cómo es que llegó a tan alto cargo una persona como Trump, un empresario existoso en lo económico pero que deja mucho que desear en los diferentes aspectos de su vida social y política? Me dirán que así es la democracia, que el pueblo americano decidio por él en las urnas, que sus adversarios políticos no hicieron lo necesario para detenerlo, que el pueblo estaba harto de la política de los demócratas, que ahora votó una masa de personas que antes no lo hacía y que se identifica con los trabajadores blancos, etcétera. Las razones son variadas pero ahora son motivo de otro tipo de análisis y no de un presente que aparece agobiante para el mundo en especial para los mexicanos.
El viernes 20 de enero, dentro de 48 horas tomará posesión de ese digno cargo y ya el mundo está espantado.Para México las consecuencias ya se han dejado sentir, lo que parecía solo un discurso para ganar voluntades parece una realidad innegable: la construcción de un muro fronterizo que según este personaje pagará el gobierno de México. Este muro detendrá a los inmigrantes ilegales que entran por miles cada año y que, según su óptica, provocan la pérdida de empleos para los norteamericanos. Esta visión dice que es en defensa de sus compatriotas trabajadores, no lo es. No tiene este señor la menor idea este señor de lo que sucedería si los mexicanos y demás inmigrantes dejaran de trabajar en su país, solo un efecto por citar: l pagarle a trabajadores norteamericanos el empresario tendría que pagar salarios mucho más altos, encareciendo los productos o los servicios de que se trate en perjuicio de los consumidores que dice defender. Hasta el día de hoy no sabemos de alguna idea de su equipo de gobierno al respecto. 
Su odio hacia México es especial. Dice que impondrá impuestos a las compañías norteamericanas que inviertan en México y no en Estados Unidos. Ya ha amenazado a empresas como la Ford, Toyota y otras para que sus proyectos de inversión y/o expansión se detengan y los inviertan en Estados Unidos. Solo ha sido una amenaza que bastó para que la Ford abandonara un proyecto millonario en San Luis Potosí. Indica que impondrá un impuesto del 34% a los productos que crucen la frontera hacia su país a efecto de proteger a sus productores connacionales. El objetivo es muy claro, proteger su economía. Lo que no ha dicho es cómo va a convencer al Congreso para la toma de tales medidas, aunque sabemos que gobernará con la Cámara de representantes de su lado, son del mismo partido.
Desea renegociar el Tratado de Libre Comercio (TLC), y en caso de que no se satisfagan sus requerimientos, abandonarlo. Alguien avezado debe informarle que el TLC no ha traído beneficios únicamente a la economía mexicana y a la canadiense, sino también a la norteamericana. Que hay compromisos fuertes por saldar en el Tratado y que la vecindad de una frontera de 3 mil kilómetros se ha podido apaciguar en lo comercial graciasa este instrumento económico. Además su salida ad libitum provocaría que tanto Canadá como México instrumenten medidas para el pago de daños y perjuicios. No tiene idea de  cuantos norteamericanos perderían por la salido del TLC. 
La postura Trompiana o Trompina (como usted guste denominarla), es patológica, esquizofrénica, misógina, papaz, abusiva, petulante, digna de un estudio no psicométrico sino antropométrico. A la luz de los hechos se nota que tiene problemas de personalidad además su imagen es absurda, entendiendo este concepto como fuera de todo reflejo que coincide con la estética aceptada por la universalidad. Su odio a los latinos -a los puertorriqueños les ha dicho que son "los peores mexicanos"-, raya en lo enfermo y desviado, tal parece que nosotros el hemos declarado la guerra y él se defiende. La verdad es que cuando se la declaremos los bolsillos de sus empresas sentirán el efecto así como de aquellos que dependen en buena medida de los recursos de los mexicanos - ya los gobernadores de la frontera gringa se han manifestado a favor de una frontera libre-.
Así como él odia a medio mundo, el mundo entero ya parece odiarlo. En su mismo país se ha publicado una encuesta que no deja de sorprender: más del 60% de los encuestados no está de acuerdo con la política proteccionista y amenazante de su futuro presidente.
México al ser el número uno en la lista de Trump debe plantearse un plan emergente para contrarrestar en lo que se pueda las políticas que en breve este sujeto instrumentará en nuestra contra. Pero a Peña no parece interesarle o precuparle el vendaval que se nos viene, cree que al designar a Videgaray como canciller este se encargará de llevar a cabo la política con los gringos. Esta visión y la falta de un plan emergente denota ignorancia, desparpajo y en consecuencia irresponsabilidad para afrontar un problema de sí complicado que tiene que ver con la defensa de la soberanía nacional. Pero, tal parece que la soberanía nacional como concepto no está en el diccionario del poder de Peña y sus esbirros. Ya veremos muy pronto las consecuencias.


domingo, 11 de diciembre de 2016

DERECHOS HUMANOS (VI)

Nota preliminar: Agradezco a mi amigo y director de la Revista A el Lic. David Martínez Téllez, quien motu propio y con la posterior aprobación del suscrito, procedió a publicar en su prestigiosa revista las cinco partes anteriores de esta temática que he venido escribiendo en este blog. Muchas gracias.

Sin duda que los organismos internacionales a través de sus líderes veían y consideraban a México como un país riesgo, por ello fueron pieza fundamental para que se reformara la constitución y se creara en 1990 la figura del ombudsman. En la parte anterior a la presente dije que o debe entender que en esos años la figura del ombudsman es de procedencia extranjera y que, representaba caso notable, que no extraño, dentro del marco jurídico nacional. Pues bien reconozco que en nuestro país específicamente en el estado de San Luis Potosí el celebérrimo Ponciano Arriaga consideró ante el Congreso de ese estado la creación de la Procuraduría de Pobres, allá en el siglo XIX, siendo esta institución el primer antecedente legislativo de una institución pública parecida al ombudsman europeo.

Destaco este hecho en razón de que los mexicanos hemos sido prolijos en la creación de instituciones jurídicas de gran potencial e influencia y que han marcado el derrotero de una historia legislativa de gran trascendencia. Lo malo, como siempre, es la aplicación efectiva de esas instituciones. Mucha voluntad para la creación, poca para la aplicación.

Pues bien, a partir de 1990 México ya contaba con un ombudsman muy a la mexicana, es decir, acotado y supeditado a los intereses del sr. Presidente. Todo a pedir de boca para satisfacer las exigencias provenientes de agentes externos y, con el único propósito de conseguir recursos financieros, por una parte, y quedar como nación políticamente obediente de los amos de los organismos que desde el pretérito han dictado las políticas a seguir por el capitalismo mundial, ahora denominado neoliberalismo.

¿Era necesario que se creara la figura del ombudsman y precisamente con esas características? No es sencillo responder íntegramente, ya hemos hecho un esbozo de respuesta, pero no hay contundencia de respuesta. Aquí solo aportaré una síntesis apretada de todo lo que puede discutirse al respecto, o bueno, al menos una parte, la que considero más relevante.

Veamos: las instituciones son necesarias cuando resuelven un cúmulo de problemas públicos o, al menos, aportan soluciones para que otras lo hagan. Deben ser útiles, servir para el propósito por el cual se les creó. Entonces ¿las instituciones existentes en México antes del ombudsman no resolvían los problemas derivados de su propia naturaleza y permitían la violación a derechos?

No, creo que no del todo. A priori del sistema ombudsman el sistema de justicia y de procuración de justicia no garantizaba el integral respeto a los DH. Tampoco el desarrollo económico tuvo que ver con el mejoramiento de estos derechos. En la jerga jurídica se decía que la única institución que salvaba a México de la total injusticia era la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), al ser ella la depositaria final de la verdad jurídica, si esta fallaba ya nada podía hacerse. Como puede advertirse desde antes de 1990 las instituciones de impartición y procuración de justicia han sido severamente cuestionadas por su alto grado de ineficiencia y corrupción a grado tal que el sistema de seguridad jurídica nacional no ha sido capaz de cumplir con su cometido constitucional y en lógica consecuencia incumple con el quehacer de garantizar derechos fundamentales. Al menos esa es la idea general, es obvio que siempre han existido jueces y magistrados y fiscales honestos e incorruptibles y que en ellos ha recaído lo poco rescatable del sistema de justicia. El sistema político subsume al jurídico en jerarquías políticas y se lo traga por completo. Esa falla de origen ha sido, es y seguirá siendo el quid de la cuestión.

A posteriori de la reforma ombudsman y de su consolidación como órgano constitucional en 1992, se reforma el sistema de impartición de justicia en su aspecto burocrático: se divide el poder judicial en un Consejo de la Judicatura que solo será competente en asuntos administrativos (nombramiento, remociones, permisos, sanciones, etc. al personal del poder judicial de la federación) y, la Corte en sí, su integración por salas, solo se ocupará de las funciones jurisdiccionales. Esta reforma judicial abarcó a todos los estados federados, la idea era o es, descargar de trabajo al órgano jurisdiccional para dejar de ocuparse de lo artesanal y dedicarse en cuerpo y alma a la ocupación jurisdiccional. La idea no deja de ser buena, posiblemente en algunos casos funcionó, pero en otros no tanto y lo peor del caso es que no se le dieron las armas completas para combatir a la corrupción desde dentro, los  Consejos de Judicatura están presididos por el presidente ya sea de la Corte o del Tribunal Superior en el caso de los estados, así es poco probable que exista combate a la corrupción ya que este funcionario tiene la potestad de influir en los miembros del Consejo y en la toma de sus decisiones.

En lo referente a la procuración de justicia es verdad que se han hecho intentos por mejorarla, pero han sido incompletos, estériles ante los océanos de complicidad y corrupción que se presentan en ese nivel de justicia. El Ministerio Público en México es una institución que dista mucho de la profesionalidad con la que debe contar; si bien es cierto ahora todos los fiscales y agentes ministeriales deben tener título de abogado eso no garantiza que en un expediente o carpeta de investigación haya real y efectivamente una investigación científica y profesional. Y no se diga de los integrantes de la policía ministerial, la cual casi en su totalidad ha estado integrada por elementos no profesionales y poco aptos en el rubro de la investigación policial e incluso por personas que escasamente saben leer o comprender un texto sencillo. En esas condiciones es imposible que en la procuración de justicia pueda asegurarse que los esfuerzos rinden frutos. Que conste que no dejo de citar que presupuestalmente ha habido esfuerzos pero ¿Dónde han parado esos recursos? Porque si usted va a una agencia ministerial seguramente le dará la idea de que ese lugar puede ser lo que sea menos una oficina donde se procura la justicia.
Ni el sistema de impartición, administración y procuración de justicia, respondían antes de la citada reforma a las expectativas del cumplimiento de los DH. Tampoco el desarrollo económico del país aseguraba que en lo material los mexicanos experimentaran niveles de mayor satisfacción. La rectoría económica del Estado ha sido un postulado vacío e inoperante desde su génesis constitucional. Los planes nacional y estatales de desarrollo solo han servido para alimentar los discursos ditirámbicos de los políticos en honor a sus líderes y una nación que solo existe en sus mentes y, en aumentar las expectativas del engaño y la demagogia al pronosticar siempre y fallar en consecuencia, mejoras económicas a través de la intervención estatal.

En esas tristes condiciones la reforma parecía necesaria. Pero como proyecto político emanado del sistema político que lo engendró, pronto enseñó sus fallas.

(Continuará)







jueves, 1 de diciembre de 2016

DERECHOS HUMANOS (V)

Quien crea que el reconocimiento actual de los derechos humanos (DH), en el orden constitucional mexicano corresponde única y exclusivamente a una decisión soberana, es un completo iluso. Lo mismo puede sostenerse de las instituciones protectoras de esos derechos en el orden interno –con excepción del juicio de amparo, claro-.

Si hacemos una revisión de las causas por las cuales la constitución de 1857 reconoció a los DH en su texto, de una manera magistral para aquella época, tendríamos que revisar el curso de los acontecimientos mundiales, especialmente europeos, que el en siglo XIX sucedían. Era que en ese entonces en nuestro suelo patrio triunfaban las ideas liberales y el país se encontraba en el desiderátum de su consolidación definitiva o de su probable desintegración. Los liberales mexicanos salieron airosos de la lucha librada contra los conservadores y pudieron, no sin muchas dificultades, elaborar un proyecto de constitución que por vez primera concentró a los principales derechos fundamentales piedra angular del liberalismo y conjuntarlos con el juicio de amparo que fue, es y seguirá siendo, la más importante defensa de estos derechos y también de la constitución como proyecto de nación.

En ese pretérito los DH representaban el triunfo de la sociedad democrática versus el Estado monárquico y autoritario. Cuando el Estado moderno surgió a la vida la tarea posterior ha sido y fue no solo la organización democrática del poder público sino también el reconocimiento de los derechos fundamentales de todos los seres humanos, considerándolos no como súbditos sino como ciudadanos poseedores de dignidad a la cual el Estado y sus instituciones tienen que reconocer y respetar. El triunfo de los ideales que sostenía la revolución francesa y su declaración de derechos del ciudadano fue la punta de lanza por la cual los derechos se promocionaron en el ideal liberal y pudieron así incorporarse en los programas de los estados nacionales, tal y como fue el caso mexicano.
México, fiel a la manera en que se construyó la sociedad vivió sesenta años con una constitución de avanzada pero con gobiernos que no la procuraban convirtiéndola en pieza de museo. Con la revolución de 1917 y la constitución del mismo año que siguió reconociendo y ampliando el espectro de los DH sobre todo en el ámbito de los derechos sociales, parecía la verdadera recomposición del rumbo pero el sistema político de caciques y prebendas impidió y ha impedido el efectivo cumplimiento de la norma constitucional, la constitución sigue siendo el sempiterno proyecto no cumplido de una revolución inconclusa.

Los DH en este país, como en muchos de esta América sufrida, alegaba en el discurso ser una sociedad consolidada en la democracia y gobernada por instituciones respetuosas de la dignidad humana, el mundo casi lo creyó pie puntillas, la realidad siempre ha sido diferente al discurso. Nuestra nación experimentó un pico económico que lo catapultó a las alturas creyéndose que ese Bom no era más que el producto de la combinación entre gobierno y sociedad democrática, nada más falso. El milagro mexicano de las décadas de los cincuenta y los sesenta del siglo XX, no duró lo que duran dos peces de hielo en un wisky on the rocks, como bien lo dice el maestro Joaquín Sabina en su canción 500 días y 19 noches. El milagro mexicano no fue tanto, pocos años después regresamos a nuestra realidad y peor aún se dio comienzo a la era o etapas de las crisis económicas recurrentes. La política económica del gobierno trataba desesperadamente de buscar nuevos mercados para dejar de depender casi exclusivamente de las exportaciones de petróleo; en lo político como ya se ha dicho aquí se aperturaron nuevas opciones políticas ante los reclamos al sistema y su partido acusándolos de avalar una monarquía sexenal con poderes casi omnipotentes.

En esas se andaba en el sexenio del nefasto Carlos Salinas de Gortari cuando este y su comitiva selecta, fueron a Europa a entrevistarse con los líderes de los organismos internacionales monetarios. Los carroñeros del dinero fueron claros y contundentes: no podía darse la ayuda a México si no se implementaban reformas económicas en el sentido de liberalizar la economía y, ahondar en la democratización social a través del respeto a los DH.

La presión dio resultados. Por un lado se impulsó la venta de activos nacionales desincorporando de la potestad pública a más de mil empresas, acompañando a este proceso un programa de adelgazamiento de la burocracia que produjo miles de desempleados. Por otro lado, Salinas encarga la elaboración de un paquete de reformas constitucionales en la cual surge la figura escandinava del Ombudsman (defensor del pueblo) pero con características diferentes a los contenidos en la institución original escandinava. Se tenía que dar la imagen  de que este país estaba preocupado por el respeto a los DH de los nacionales y, para ello, surgía la necesidad de construir un órgano de Estado que procurara tal tarea, pero con las características propias del sistema político mexicano, es decir, maniatado y sometido a la siempre inefable voluntad  del señor presidente. Fue así como  aparece publicado enel Diario Oficial de la Federación el Decreto de creación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, como órgano dependiente de la Secretaría de Gobernación. Es decir, sin autonomía política, dependiente del ejecutivo y sometido jerárquicamente a el. Nada bueno podía esperarse de algo así, sin embargo en el medio político y en propio de los juristas no hubo más que sonoros halagos al presidente y a raíz de ello se publicaron libros, artículos , ensayos, en los que se destacaba la voluntad democrática del presidente. El sistema político, ya vapuleado por el resultado de la elección federal de 1988 – en la cual se asegura que hubo un monumental fraude en contra del candidato presidencial Cuauhtémoc Cárdenas- toma bocanadas de aire puro para su sobrevivencia, el cual tendría serios reveses en los años por venir.

El primer presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos fue el distinguido jurista Dr. Jorge Carpizo Mc Gregor, de quien se dice fue el arquitecto del diseño de la reforma constitucional que se comenta.
(Continuará)



martes, 22 de noviembre de 2016



DERECHOS HUMANOS (IV)


Decíamos que la década de los ochenta se distinguió por ser el punto culminante entre los dos grandes sistemas en pugna desde el fin de la segunda guerra mundial: el comunismo y el capitalismo, saliendo triunfante este último ante la estrepitosa caída –económica y política- de los países fieles al sistema implantado por la entonces Unión Soviética.

El capitalismo renacido y ahora denominado neoliberalismo trajo consigo un modelo nuevo de pensamiento en el cual el papel del Estado y del ciudadano tendría nuevas formas de encarar la modernidad. El Estado monopolizador tendría que dejar de serlo en aras a las nuevas tendencias del comercio mundial, tendría que democratizarse para romper las cadenas de dominio político y permitir que el ciudadano participe más en los ´procesos de desarrollo económico. El quid de la cuestión era convertir, donde todavía no se había hecho, en realidad el viejo postulado liberal de que la libertad consiste en que el ciudadano tenga las mejores opciones para ser agente económico preponderante y, el Estado el vigilante del cumplimiento de esa libertad. La libertad económica pues, es el derecho humano más sagrado y protegido por el nuevo sistema económico.

En los años noventa los procesos de desincorporación de las potencialidades económicas estatales hacia los particulares se incrementaron, convirtiéndose en el nuevo quehacer de las supuestas nuevas democracias. México fue y es un país ejemplar en ese sentido, todas las políticas y las reformas legales para modificar el estatus protector a modernizador se instrumentaron resultando que la empresa pública desapareció con el transcurso de los años. El objetivo que se trazó la nueva política fue su total desaparición.

Logrado el fin o propósito económico los centros de poder económico mundial exigieron a los países que recién entraban al capitalismo dominante, ahora, y con el mismo vigor se les conminó, por así decirlo, a la apertura democrática. En algunos casos fue a través de exigencias sociales masivas donde los ciudadanos exigieron la entrada de lo que ellos suponían era la democracia (occidental), el rejuego de partidos políticos, el voto popular, la libertad económica y otros derechos fundamentales de los cuales habían carecido durante décadas o simplemente nunca los habían dispuesto. Tales fueron los casos de Polonia, Bulgaria y en general de las naciones que habían pertenecido a la ya desintegrada Cortina de Hierro ad hoc con el sistema político – burocrático comunista. En otras naciones como México, la apertura democrática y el reconocimie3nto de nuevos derechos fundamentales se dio bajo presupuestos diferentes, no violentos en los que permeó el convencimiento de que el cambio era necesario, aunque el sistema dominante no lo deseaba del todo. Fue el mundo y el grupo vencedor el que poco a poco empujó a esta nación a cambios estructurales que no fueron queridos pero sí necesarios para seguir subsistiendo.

Se dice que la apertura democrática mexicana empezó a manifestarse a posteriori de los levantamientos amados de Genaro Vázquez  y después de Lucio Cabañas, así como del surgimiento de otros grupos guerrilleros en el país y organizaciones aliadas de extrema izquierda. Esta postura es cierta pero no es la que define a las reformas posteriores. Si bien México en una guerrilla reclamante de justicia social, por otro lado la sociedad civil no la apoyó lo suficiente como para convertirla en el objetivo fundamental del cambio de poder que se necesitaba. La transformación del individuo súbdito al individuo ciudadano aún estaba muy lejos de madurarse. El régimen autoritario seguía vivo y coleando pese a todo. Podemos decir que en el campo de lo político la derrota militar de la guerrilla mexicana se tradujo en el reconocimiento de ciertos derechos políticos: el reconocimiento de  nuevas agrupaciones políticas que en el pretérito estaban y funcionaban en el anonimato y, en el cierto –donde convenía, claro- reconocimiento de victorias electorales de esa oposición al partido del sistema.  Muchos de los guerrilleros de la sierra de Guerrero bajaron a las ciudades, fundaron o robustecieron a partidos políticos y se acomodaron bajo los beneficios presupuestales que el sistema les proporcionó de manera más que efectiva.

La guerrilla es un antecedente importante así como unos años atrás lo fue el movimiento del 68, pero ni uno ni otro tuvieron la fuerza suficiente para acabar con el dinosaurio. Y como dice Monterroso: y cuando desperté el dinosaurio seguía ahí.

Fue el aparente triunfo del capitalismo mundial el que movió las élites de las naciones e hizo de su ideología la propia de todo el planeta. En lo que corresponde a los derechos humanos de las personas el nuevo Estado neo liberal trajo consigo la nueva manera de interpretarlos y sobre todo de valorarlos y jerarquizarlos, aun cuando en el planeta existe propuestas diferentes.

El imperialismo económico fue el factor para que en México se introdujeran reformas en materia de derechos humanos. Siempre hemos necesitado de la “ayuda” de los organismos económicos para solventar nuestro déficit presupuestal; bueno pues eso fue el pretexto para “pedirle” al entonces presidente Carlos Salinas que hiciera lo necesario para establecer reformas asequibles a la democracia mexicana. Los organismos internacionales veían a México como una nación con un sistema disparejo. Si bien obediente en la implementación de reformas de afectación a la economía, desordenado resultaba en lo político. Había la necesidad de proponer reformas y así se hizo.
( Continuará)



lunes, 14 de noviembre de 2016


                                              DERECHOS HUMANOS (III)

El sistema político mexicano era como un gato de siete vidas. Sobrevivió a los embates de los años sesentas y setentas en los cuales se le cuestionó tanto su viabilidad como gobierno encarnado en el PRI y, sobre todo dejó mucho que desear respecto a la condición de moralidad que dejaba puesta sobre la mesa. El sistema y su partido cooptaron voluntades, modificaron el discurso y en el campo de los derechos humanos ampliaron el margen de posibilidades para los jóvenes quienes precisamente eran quienes defenestraban con gran vigor al sistema y las formas de hacer política en México.

Al sistema se le había puesto el cañón de la pistola en la sien, tuvo la habilidad para que el amenazante bajara el arma y todo continuara como siempre, no podía ser de otra manera, el gatopardismo se constituyó como efectiva manera de hacer política. El régimen de Luis Echeverría y el de José López Portillo fueron la muestra perfecta en el arte de pretender cambiar para quedar exactamente igual.

Todo parecía quedar en la misma situación pero el mundo se movía en una determinada dirección y el país no podía quedar estático; o se movía al parejo o se quedaba rezagado de la política internacional.

En el transcurso de los años ochenta México se influenció de los grandes acontecimientos mundiales. Fue la época del aumento de las tensiones de la guerra fría entre Estados Unidos y Rusia, haciéndose más cercana la posibilidad de una guerra nuclear. Esa posibilidad disminuyó considerablemente con las políticas de Glasnost y Perestroika encabezadas por el mandatario ruso Mijail Gorvachov, que desmantelaron el comunismo soviético y el desmembramiento territorial de la URSS originándose un cambio de dirección en la política rusa y en la manera de enfrentar los problemas mundiales y los locales. El sistema económico de todas las rusias colapsó permitiéndose la entrada al libre comercio y en consecuencia a las libertades que vienen acompañadas con el sistema liberal. No solo Rusia fue impactada, todo el bloque pro-soviético conocido como la Cortina de Hierro también sucumbió en su modelo político y económico y todos los países satélite de la ahora ex URSS dieron la bienvenida al sistema económico liberal y sus aparentes libertades individuales y colectivas.

Ronald Reagan el presidente yanqui, presentó al mundo una serie de medidas económicas que dieron origen a lo que hoy denominamos como neo liberalismo, que no es otra cosa que la pretensión bien lograda de los países líderes del capitalismo para tener mejores opciones de apoderamiento del mercado mundial y, al interior de ellos, establecer a través de organismos multilaterales como el FMI, el Banco Mundial y otros, políticas para el desmantelamiento de los Estados nacionales, obligándolos abandonar la política soberana de ser agente principal de la economía y dejar en contrapartida que sean las empresas nacionales o extranjeras quienes se hagan cargo del devenir económico.

Esa política triunfó y minó al Estado concentrador, en México su éxito fue rotundo a grado tal que a partir de ese momento, mediados de los ochentas, el discurso del Estado cambió y los éxitos del pasado quedaron como meras anécdotas, ahora se escribiría otra historia muy diferente.

Aquí en México, hemos sido a lo largo de todos estos años excelentes alumnos de los organismos económicos multilaterales, adoptando a pie de la letra todas sus abominables recetas para el progreso. Hemos obedecido hasta la saciedad las políticas liberales en detrimento de los intereses sociales, no importando si con ello los derechos sociales adquiridos se vayan al pozo del olvido. El Estado mexicano a partir de la presidencia de Miguel de la Madrid ha venido desmantelando su influencia en la economía, vendiendo todo a los particulares y permitiendo cada vez más la intromisión del capital extranjero en actividades que antes eran exclusivas de los nacionales. El Estado protector cayó en beneficio del Estado liberal o mínimo.  Para los neoliberales el Estado no puede ni debe ser agente económico preponderante, su misión se trastoca en detrimento de los derechos de libertad de las personas. La rectoría del Estado, dicen, no es más que la prolongación de un sismo que a nadie beneficia porque impide que el ser humano desarrolle su inventiva y genialidad para ser agente económico preponderante. El Estado, dicen, tiene una misión básica de la cual no puede distraerse: el otorgar seguridad y orden a los habitantes del Estado; esa tarea, sostienen, es la única que justifica su existencia.

El mundo y no solo México se vio envuelto en este desiderátum. El occidente creyó que el nuevo liberalismo o neo liberalismo era la salida ante la crisis; el Estado socialista había fracaso rotundamente, la caída de los países satélite de la URSS fue la contundente prueba de que el vencedor de la guerra fría era el capitalismo y su modelo político – económico; esa tesis banal fue incluso sostenida por los medios intelectuales aliados al gran capital tal y como lo ha sido desde siempre la escuela económica conocida como los Chicago boys. La salida única es el capitalismo, no solo en lo referente al quehacer económico sino también en todo el cúmulo de derechos que dice representar y que no son otros que la propiedad y la libertad de comercio, pilares de del sistema capital.

El capitalismo como ideología se mostró vencedor en casi todo el mundo, sus enemigos empequeñecían aunque algunos no dieron su brazo a torcer tan pronto como se esperaba. China, por ejemplo, siguió en el discurso del comunismo pero en la práctica económica poco a poco se fue amoldando a las nuevas políticas provenientes de occidente. El capitalismo se modernizó al terminar de plano con el modelo económico cerrado –sustitución de importaciones- obligando al mundo a pactar entre sí para mejorar el tránsito de mercancías y productos. México junto con Estados Unidos y Canadá signaron el Tratado de Libre Comercio –TLC o NAFTA-, y a partir de ese tratado el modelo se popularizó en todo el orbe. Hoy en lo económico el mundo puede dividirse por regiones económicas específicas con el propósito de hacer más ágiles los mercados y aumentar las ganancias de las empresas y los emprendedores que se benefician de las nuevas políticas, las que, de origen, no emanaron del seno de los Estados nacionales en función de su soberanía sino de los retorcidos intereses de los centros empresariales mundiales a quienes les urgía que el modelo capitalista se vistiera con nuevos ropajes, no importando si con ello millones de personas quedaran en el desempleo y sin la protección legal que en justicia merecen.

Este nuevo modelo revitalizó la economía mundial en tal sentido, pero ha sido un lastre en lo que respecta a los derechos humanos de las personas.

(Continuará)